Caminar y pensar

Thoreau escribió el primer librito sobre andar y tambén el primero sobre “La desobediencia civil”.  En la foto, su cabañita en el bosque.

A Kant, Rousseau, Rimbaud y Nietzsche les gustaba salir a andar. Todos lo hacían de forma diferente. Los paseos del joven Rimbaud, dispersos y desordenados, estaban llenos de ira, mientras que Nietzsche buscaba en ellos la tonicidad y lo energético de la marcha. Kant era metódico y sistemático: tomaba cada día, a la misma hora, la misma ruta. Todos trasladaron en algún momento su despacho de trabajo al campo, donde las ideas fluían libres, en plena naturaleza.

¿Qué creíais, que no tenía que ver el andar con la filosofía?, pues sí.

Tan interesantes como las manías andariegas de Kant o Rousseau, es la entrevista con Fréderic Gros, autor de “Andar. Una filosofía” (ed. Taurus) que nos deja algunas perlas que merece la pena apreciar. Por ejemplo:

P. En su ensayo relaciona el andar con grandes filósofos, ¿por qué?
Esos pensadores convirtieron las montañas y los bosques en su lugar de trabajo. Para ellos, andar no era una actividad deportiva o un paseo turístico. Realmente salían con sus cuadernos y sus lápices para encontrar nuevas ideas. La soledad era una de las condiciones para crear.
(…) La marcha, además, no tiene nada de violento ni de brutal. Hay una regularidad en ella que apacigua, calma. Y se aleja de toda búsqueda de resultados. Por eso la primera frase del libro es: «andar no es un deporte». No hay que hacer marcas, no hay que superarse a sí mismo. Andar es una experiencia de lo más auténtica, aunque quizá no moderna.

Si queréis leer la entrevista toda entera, pinchar en el enlace. Dice cosas sobre el caminar que merecen mucho la pena. ¡Ah! Por supuesto, el autor tambien es un experto caminante. Aunque no le interesa acumular kilómetros, sino experiencia…

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